Las Pamplinas de Avanti: El reloj del aparcacoches…

Los hospitales son esos sitios donde el tiempo que miden los relojes ni está ni se le espera. El tiempo pasa por los hospitales con esa agonía del reloj al que se le va acabando la pila sin que se acabe del todo.

Te pongo en situación: la cochera de un hospital a esa hora del día donde el sol empieza a freír el pescado para irse a cenar. Exacto, a esa hora donde la Amargura clava su Cruz de guía en la calle.

Pues a esa misma hora intentaba aparcar sin darme cuenta de que solo me alumbraban treinta céntimos en el bolsillo, pues a la hora de pagar lo miro y le digo:

Maestro me acabo de dar cuenta de que no tengo el euro que cuesta aparcar, pero vamos que voy a estar cinco minutitos solamente

A lo que el aparcacoches con mirada Aristotélica y moreno digno de su estirpe me suelta un marmoliano:

Aparcar vale un euro caballero pero mi reloj en este aparcamiento no sabe medir el tiempo… ”

El ingeniero de gire todo a la izquierda y no se preocupe que tengo un hueco para usted” había dado en el clavo, él solito había desmontado la teoría de la relatividad con un simple pensamientoel reloj del aparcacoches del hospital solo sabia medir el tiempo de fuera del hospital, el de dentro ni quería ni podía.

Él miraba a las personas con dos medidas del tiempo: cuando iban camino del hospital y cuando volvían del hospital. Él sabía que el tiempo entre la ida y la venida de esa visita obligada no se podía medir con el tic tac de su reloj.

Nunca nadie tuvo la suerte de poder jugar con el tiempo como él que era capaz de poner en la balanza de la vida cada segundo que pasabas allí para saber que cada uno tendría el tiempo que le correspondía por el único reloj que no sabe medir el tiempoel reloj de aparcacoches del hospital

Sacando el coche del aparcamiento paso por el costero derecho del aparcacoches, me incida que baje la ventanilla con un gesto digno de buen banderillero y a porta gayola me suelta un:

“Tiene usted otra carita tome los treinta céntimos que ha estado usted poco tiempo ahí dentro”

Había estado dentro todo el día pero su reloj no había sido capaz de medir el tiempo entre los pasos perdidos hacía el hospital y los pasos encontrados hacía la Esperanza.

¡VIVAN LOS RELOJES QUE NO SABEN MEDIR EL TIEMPO!

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