La rutina…

Los cofrades nos diferenciamos de los mortales en un aspecto fundamental: los cofrades tenemos la gran suerte de vivir siempre con una rutina, nuestra rutina, esa rutina que tanto nos gusta y que en verdad no dejamos durante todo el año.

O no es bonito estar en el chiringuito y hablar de cofradías oliendo a espeto mientras la levantera te mete arena y gaviotas en la cerveza (no exagero nada que este año saqué a Mary Popins de una ración de papas aliñás que se estaba comiendo mi cuñao) o comer polvorones mientras quemas incienso del bueno, o estar en la Feria y con la media papa salir de la caseta con la marcha Amarguras

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