Con serrín en los pies: La Chester

Lo sabía, la hora exacta en la que entra una de mis parroquianas preferidas.

Sus andares se escuchan desde la esquina de dos calles más allá. La puerta de “La Parroquia” la abre con una dulzura propia de su estirpe… La Chester entra y los suspiros de la barra revolotean como mariposas.

Mujer encerrada en cuerpo de hombre que te hace una proposición indecente cada vez que te mira, puro vicio encarnado en vendedora de tabaco. Ella sola ha hecho más por la igualdad que la mayoría de las asociaciones que hay hoy en día.

Yo tengo en mi curriculum que una vez me tiró los tejos: “Niño, tienes cara de actor americano de película de vaqueros, ¿quieres una copita?”…es de las frases de amor más bonitas que me han dicho jamás. Por supuesto que me tomé la copita, y después de la copita otro par de copitas más.

La Chester no deja de moverse en la barra, bebe poco, habla mucho: lo lleva en el ADN de su oficio milenario. Cuando habla de su madre le brillan los ojos. Tiene belleza de Alameda de los 70 y un compás parecido al de los rosarios del Palio que le devuelve a su niñez.

-Chester cada día estás más guapa. Dame un paquete de lo que menos vendas.

– Tú no fumas amor pero se que me lo pides para que me acerque un poco más…

La Chester es puro veneno…

¡MAESTRO, PONLE OTRA COPITA A LA CHESTER!

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